Innovación, tecnología y el futuro del reciclaje: así funciona el CIAM de Urbaser

  • Como motor tecnológico de Urbaser, el CIAM pone su conocimiento al servicio de la sociedad para transformar los residuos en recursos y liderar el futuro de la economía circular.

Instalado en Zaragoza en 2015, desde el Centro de Innovación Tecnológica para el Tratamiento de Residuos “Alfonso Maíllo” (CIAM) de Urbaser no hemos parado de trabajar para dar soporte a proyectos de I+D+i que buscan mejorar la gestión de los residuos. No solo eso, ayudamos a las plantas de tratamiento de residuos de Urbaser a implementar la innovación en su operación diaria. Todo ello con un objetivo claro: asegurar soluciones eficientes para mejorar el futuro de la economía circular y del reciclaje.

La función clave del CIAM es cubrir el salto que todavía existe entre la investigación básica, realizada por universidades o centros tecnológicos, y la aplicación industrial a escala real. Esto se debe a que el CIAM permite validar tecnologías que se encuentran en un estado de desarrollo intermedio para validar su funcionamiento antes de ser implementadas en las plantas que Urbaser opera en todo el mundo.

Desde el CIAM conseguimos llevar a cabo esta labor gracias a sus instalaciones a escala semiindustrial. Con ellas podemos comprobar y asegurar la viabilidad económica de las innovaciones propuestas y ser uno de los agentes clave de Urbaser como impulsor de la economía circular. El propósito es común: reducir el impacto de los residuos urbanos e industriales y transformarlos en productos con valor añadido.

La importancia de apostar por la innovación en la gestión de residuos

La tarea del CIAM en Urbaser demuestra la importancia de apostar por la innovación para mejorar la gestión de los residuos:

  • Es una forma de enfrentarse a la crisis climática. La innovación facilita la transición de un modelo lineal de producción y consumo a un modelo circular donde los residuos se reintroduzcan en la cadena de valor.

  • El residuo se transforma en un recurso. Gracias a la investigación y el desarrollo, el residuo pasa a gestionarse por Urbaser, que lo convierte en un recurso aprovechable. Esto nos permite dar una segunda vida a materiales que, sin nuestra tecnología innovadora, no tendrían salida comercial de aprovechamiento.

  • Contribuye a la reducción de la huella de carbono. La implementación de soluciones más ecoeficientes y la maximización de la recuperación de materiales contribuyen directamente a disminuir el impacto ambiental de la actividad humana y avanzar hacia la neutralidad climática.

  • Genera productos de mayor valor. La innovación permite desarrollar procesos avanzados, como la biorrefinería urbana o el reciclado químico, que transforman la materia orgánica y los plásticos en productos finales como biofertilizantes, biometano o nuevas materias primas para la industria petroquímica.

  • Asegura la viabilidad económica e industrial. La apuesta por centros de innovación como el CIAM permite escalar tecnologías desde el laboratorio hasta el uso industrial real, lo que asegura su viabilidad económica antes de implementarlas de forma masiva en las plantas de tratamiento de Urbaser.

Proyectos que materializan la innovación en el CIAM

A lo largo de nuestra trayectoria, desde el CIAM hemos gestionado más de 20 proyectos de vanguardia con una inversión que roza los 32 millones de euros. Este esfuerzo financiero y humano nos ha permitido especializarnos en dos grandes áreas: los procesos biológicos, donde se usa la naturaleza para descomponer materia; y los procesos termoquímicos, donde se aplica calor controlado para transformar materiales complejos como el plástico.

Actualmente, en el centro vivimos un momento de evolución con la ampliación de sus instalaciones para dar vida al proyecto H4BIOMET. Esta iniciativa, impulsada junto al Cabildo de Tenerife, representa el siguiente nivel en la producción de energía limpia. Desde el CIAM llevamos muchos años especializándonos en generar biogás mediante la descomposición de materia orgánica. Este proceso se conoce como digestión anaerobia. Nuestro nuevo reto consiste en refinar ese biogás para convertirlo en biometano, un gas renovable que tiene una pureza tan alta que se puede inyectar directamente en la red de gas natural que existe en las ciudades.

Para lograrlo, desde el CIAM hemos incorporado la tecnología NIDUP (desarrollada por nuestro socio TROVANT), que actúa como un sistema de purificación del biogás avanzado capaz de separar el CO2 para posteriormente, en un reactor, desarrollado junto con la Universidad de Zaragoza combinarlo con hidrógeno verde para producir un porcentaje mayor de biometano. El objetivo es cerrar el círculo: se aprovecha el carbono de los residuos para generar un combustible de origen biogénico de alto valor añadido (biometano de calidad de inyección en red), lo que reduce drásticamente las emisiones y la dependencia de los combustibles fósiles.

El futuro de la economía circular

Si miramos hacia la próxima década, el concepto de planta de tratamiento actual está destinado a desaparecer para dejar paso a algo mucho más ambicioso. De aquí a 10 años, las plantas se convertirán en fábricas de productos. El residuo dejará de ser un problema que gestionar para transformarse en una fuente inagotable de recursos que vuelven al mercado. Para alcanzar esta meta, el CIAM ya está trabajando en proyectos europeos de vanguardia que marcan la hoja de ruta hacia esa neutralidad climática. 

Por ejemplo, imagina que los propios restos del tratamiento de desechos sirvieran para limpiar los gases que generamos. Ese es el corazón de SYSTEMICO, un proyecto de más de 9 millones de euros financiado por la Unión Europea. En el CIAM, estamos investigando cómo sustituir los filtros de carbón activo comercial, que tienen un alto coste ambiental y económico, por carbón activo producido por nosotros mismos a partir de los restos de la materia orgánica. Este producto de filtrado, más sostenible, al dar un segundo uso a un residuo generado en nuestras plantas, se utiliza para purificar el biogás en condiciones reales, lo que elimina sustancias como el amoníaco o el ácido sulfhídrico.

El segundo gran pilar de este futuro es dejar de ver el CO₂ como un enemigo y empezar a verlo como una materia prima. El proyecto UNCOVER busca demostrar que las emisiones industriales de CO₂ pueden transformarse en productos útiles y duraderos. En esta iniciativa de 8,2 millones de euros, Urbaser actúa como una pieza clave: nos suministra el CO₂ biogénico generado en sus instalaciones y cedemos el espacio del CIAM para validar tecnologías revolucionarias que utilizan desde la fotosíntesis hasta la fermentación para crear nuevos materiales. El objetivo es obtener productos de alta calidad para sectores como la química, los combustibles o la construcción que vayan sustituyendo a los de origen fósil.

En definitiva, el CIAM es el motor estratégico que permite a Urbaser liderar el cambio hacia un modelo de sociedad más sostenible. Al cerrar la brecha entre la investigación elemental y la aplicación industrial, el centro asegura que cada avance tecnológico sea ambientalmente puntero para combatir la crisis climática y económicamente viable para su implementación global.
 
Además, nuestra hoja de ruta ya está trazada. En la próxima década nuestros esfuerzos van a estar volcado en que el concepto tradicional de residuo desaparezca para dar paso a la idea de fábricas de productos, proporcionando materias primas que puedan ser utilizadas en el entorno próximo, integrándose en las cadenas de suministro y reduciendo la dependencia de terceros países. Proyectos actuales como H4BIOMET, SYSTEMICO y UNCOVER son la prueba tangible de que el CIAM, de la mano de Urbaser, está convirtiendo las emisiones y los desechos en energía limpia y materias primas de alto valor añadido.

Firmado por: Plácido Aurensanz Tena, Director del CIAM.